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Las patentes y la Igualdad

A veces los prejuicios se muestran abiertamente, otras veces se esconden de forma que es difícil señalarlos. Por suerte el estudio de grandes bases de datos están sacando a la luz patrones de desigualdad que de otra forma no habría manera de señalar. Y es que casos individuales pueden tratarse de excepciones, y de casos excepcionales. Pero cuando se estudian cientos, miles o millones de casos los patrones que surgen pueden tratarse por muchas causas pero seguro que no son ‘excepciones’.

Las patentes, un mundo de Hombres

Aunque el auge de la mujer en el mundo profesional ha podido alcanzar cuotas de igualdad, al menos numérica, altas en determinados sectores siguen existiendo auténticos pozos de desigualdad. Suelen estar fuera del foco público. Este es el caso de las patentes. 9 de cada 10 patentes son solicitadas por hombres. Y esto no es lo peor. Resulta que a pesar de este desequilibrio a las mujeres que presentan patentes son, en proporción, mucho más rechazadas. No se les concede la patente y en el caso de ser concedida son menos citadas y renovadas. No se trata de un caso o dos. Es patrón.

Para extraer este patrón, del que evidentemente se pueden extraer interesante lectura sobre la igualdad de género, se han estudiado casi tres millones, casi nada, de patentes. La investigación la ha realizado la Universidad de Yale, uno de la más prestigiosas de Estados Unidos.

Es decir que en todas la métricas estudiadas sobre patentes se extrae una conclusión que debería hacer reflexionar a la sociedad en su conjunto. Si quieres recibir una patente mejor que no la presente una mujer. Los datos son elocuentes.

¿No será que a los hombre se le da mejor?

Incluso en ámbitos profesionales donde hay un número parejo entre hombres y mujeres como podrían ser el área relacionada con la investigación en biología, el sesgo en cuanto a patentes se mantiene. Por supuesto siempre quedará alguien que diga que a los hombres se les da mejor y tienen más capacidad para la innovación y por tanto para crear patentes. A fin de cuentas es el argumento que muchos han utilizado desde hace siglos para impedir que la mujer fuese reclamando cuotas de igualdad en otro ámbitos profesionales.

¿Y si escondiéramos el género del solicitante de una patente? Esto mismo es lo que se hizo a modo de experimento. Los resultados, los esperados. En cuanto no se puede sesgar por el género, los resultados de ambos hombres y mujeres son estadísticamente iguales. ¿Sorprendente? No. En cuanto se crea un sistema que evite que los sesgos pueden influir en las decisiones ocurre que las cosas se igualan de forma natural.

 

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